Ex_propiaciones deseantes
Un cuarto propio/ un cuerpo/deseo propio

¿En qué pensamos cuando nombramos la palabra deseo? ¿Cuál es la primera imagen visual que se me viene a la memoria? ¿Un deseo erótico/sexual? ¿Una pulsión de vida, de muerte? ¿Pensamos cuál es el referente de dicha palabra? ¿Podríamos cambiarlo, podríamos subvertirlo, podríamos reapropiarnos de ese imaginario, ampliar los parámetros de los deseable y, en el mismo movimiento, de lo representable? Si tuviera que colocar el deseo en algún espacio físico tangible, real, ¿Cuál sería? ¿Es esto posible? ¿Puedo pensar el deseo fuera de mi cuerpo? ¿Puedo pensar en mi cuerpo como algo inacabado y mudable?

Desde de la obra de Virginia Woolf, Un Cuarto Propio (1929), conceptualizamos la idea principal y la utilizamos como herramienta estética de acción. En dicha obra muestra cómo afecta la peor de las diferencias, entre el hombre y la mujer: la diferencia intelectual. A través de un relato en primera persona, la autora da cuenta de todas las artimañas de las que tiene que valerse una mujer que quiere escribir sobre la relación entre mujeres y novelas. Describe entonces, los artificios estético-políticos de los que tuvieron que hacerse para construir un espacio propio, físico, mental y/o emocional.
A partir de la lectura de la obra de Woolf tomamos la propuesta de lo “propio” como algo único, intransferible, maravillosamente personalísimo. A pesar de que somos construcciones discursivas, que estamos subjetivizad*s desde una maquinaria que nos ha disciplinado para desear y sentir, a través del recurso metafórico poético de Virginia Woolf, nos permitimos re/apropiarnos del deseo sexual y lo re/habitamos en el cuerpo, para poder materializar una producción estética usando como herramienta el lenguaje fotográfico.

Entendemos por deseo la pulsión de vida que devuelve un cuerpo sexualizado, que lo dispone a las sensaciones. Se trata de una estética de la carne, o de la encarnación de los deseos, de re/apropiarse del deseo, subvertir la norma o hacerse con ella.

Hablamos entonces de la representación de un deseo propio, de una posición que desnuda, por un lado, las sujeciones que normativizan el cuerpo, y rebela, por otro, posibilidades nuevas, espacios de mundos posibles, poniendo de manifiesto cuáles deseos son vivibles y cuáles no. La materialización de la narración es una producción estética que desterritorializa las normativizaciones en torno a la representación del cuerpo sexuado –como diferencia sexual y como marca de identificación.
Nos parece importante tener en cuenta, además, que el deseo es aquello que nos expone a ls otrs de un modo radical, que el deseo propio lo que hace es devolvernos una y otra vez precisamente nuestra desposesión. Si el cuarto propio era para Woolf aquello que nos permitía hacer literatura -el juego entre lo íntimo y lo público- el deseo propio será lo que nos expropie, lo que arroje nuestros cuerpos más allá de sus límites, cuestionando nuestra propiedad, nuestra voluntad.
Tenemos la necesidad de crear narrativas iconográficas deseantes propias, tener una voz en las imágenes, tomarlas en primera persona y ser ls hacedors de nuestras representaciones, mostrando así de los deseos abyectos, censurados, ninguneados, dolorosos, sucios, empolvados. Este proyecto, por lo tanto, propuso a varias personas representar al deseo en lo que ells consideraban sus cuerpos, con sus prótesis, sus tecnologías y sus espacialidades. Compartimos con cada un de ell*s el acontecimiento sexual que se dio en el registro de ese deseo.